Al borde del agujero negro, donde el tiempo transcurre más despacio, miré a lo lejos y vi la vida de los otros avanzar a toda felicidad, haciendo las cosas que amaban. Y pensé: «¿De qué me sirve extender mis días hasta el fin del Universo, si todo lo que hago es contemplar en lugar de vivir?».
Todavía no era tarde para escapar del horizonte de sucesos.
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