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Mostrando entradas de mayo, 2022

39. Los que se marchan de Omelas

Siguiendo con el tema de Los que se marchan de Omelas (un magnífico relato corto de Ursula K. Le Guin que puedes encontrar aquí ), me preguntaba si realmente marcharse es la mejor opción o no (realmente no estoy seguro). Por un lado, desde luego es mejor marcharse que quedarse y participar tácitamente de la injusticia (una injusticia que, además, te puede consumir por dentro si piensas en ella: por eso se marchan). Es un poco como la «resistencia pacífica» de Gandhi, o como la «resistencia pasiva» de Bartleby : «Preferiría no hacerlo»; o quizás más bien como Pilatos lavándose las manos; o el mundo lavándose las manos, mirando hacia otro lado mientras tantas injusticias son cometidas a nuestro alrededor. Por otro lado, quedarse en Omelas, rebelarse, sublevarse contra la injusticia y un sistema basado en ella, puede suponer una ruptura (sin retorno) en las vidas de los rebelados y de los que sufren la rebelión, aunque no participen en ella (es decir: toda Omelas). Y, por supuesto, tiene...

38. El inconveniente de llevar razón

   El gran inconveniente de llevar razón en algún asunto es que uno se relaje y deje de pensar. O de razonar .    Porque, se lleve o no la razón, no es razonable pensar que el otro lo va a aceptar siempre de buen grado, sin rechistar. Cada uno tiene su forma de ver las cosas, y, aunque esa forma esté equivocada, no siempre se es capaz de ver el error, ni se está dispuesto a reconocerlo o a renunciar a él —especialmente cuando no nos conviene—. Y, yendo más allá: difícilmente alguien tendrá toda la razón y el otro ninguna.    El gran inconveniente de enrocarse cuando se sabe —o se intuye— que se tiene razón en algo es que uno rechaza cualquier negociación. Y esto puede tener consecuencias nefastas sobre nosotros mismos, con lo que tener razón se convierte, a la postre, en un lastre en nuestras relaciones con los demás y en nuestras vidas.    Así ocurrió, por ejemplo, en el caso de una conocida que alquilaba habitaciones en su piso. El inquilino de...

37. Contribución a la estadística

«No puedo omitir la "contribución a la estadística" de Wisława Szymborska: "De cada cien personas, las que todo lo saben: cincuenta y dos; las inseguras de cada paso: casi todo el resto; las prontas a ayudar, siempre que no dure mucho: hasta cuarenta y nueve; las buenas siempre, porque no pueden ser de otra forma: cuatro, o quizá cinco; las capaces de ser felices: como mucho, veintitantas; las inofensivas de una en una, pero salvajes en grupo: más de la mitad, seguro; las crueles cuando las circunstancias obligan, eso mejor no saberlo ni siquiera aproximadamente (…); las mortales: cien de cien. Cifra que por ahora no sufre ningún cambio."» — El infinito en un junco , Irene Vallejo

36. Sofismas

    Hace unos días, saliendo del metro, vi que una madre que llevaba a su hijo en brazos lo dejaba en el suelo para que subiera las escaleras a pie, de la mano. El niño, sorprendido, sin mover un pie del primer escalón —en el que lo había puesto su madre— protestó:    —Nooo... las escaleras pesan, mamá —dijo, mirando a su madre con la expresión de alguien que ha dicho algo tan obvio que no precisa mayor explicación.    —¿Cómo que las escaleras pesan?    El niño, por toda respuesta, sin soltar la mano de su madre, hizo el intento de levantar un pie del suelo, observándolo cuidadosamente, como para asegurarse de que estaba haciendo el movimiento correcto. Apenas logró despegar un poquito el pie del suelo, volvió a caer sobre él de golpe. ¡PUM!    —¿Ves? —dijo mirando a su madre con la expresión fastidiada de un teórico que debe rebajarse a hacer física experimental.    La madre, con pocas ganas de discutir y con una media so...