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20. Todas las palabras del mundo

[Truman Sleeps, de Philip Glass. De la película El show de Truman (Peter Weir, 1998).]



   Desde mi punto de vista, el amor se puede dividir en cuatro fases.

   En un principio está el deseo de acercarnos a la otra persona, de penetrar en ella, en su mente y en su alma, de conocerla y dejarnos conocer a través de las ideas. A través de las palabras.

   Pronto llega un momento en que las palabras ya no son suficientes para expresar todo lo que sentimos. Necesitamos hablar con la piel, queremos acariciar y ser acariciados, sentir el roce de las yemas de sus dedos, más intenso que mil palabras.

   Después viene la calma, el amor sosegado. Nuevamente las palabras, susurradas en la cama, con el cálido aliento del amante acariciando nuestra mejilla y haciendo brotar las lágrimas y una sonrisa al mismo tiempo, que se transforman en besos apasionados entre las sábanas. Notas inesperadas dejadas al marcharnos, mensajes con recuerdos y anhelos; el pasado y el presente y el futuro condensados en una carta que celebra el habernos conocido.

   Y cuando todas las palabras del mundo no parecen ser suficientes, la frustración aflora otra vez en forma de lágrimas: lágrimas de tristeza, por sentirnos incapaces de encerrar en palabras todo lo que sentimos. Y lágrimas de alegría, justamente porque reconocemos que lo que sentimos es inabarcable, que va más allá de las fronteras de cualquier diccionario.

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