«Muere lentamente
quien se transforma en esclavo del hábito,
repitiendo todos los días los mismos trayectos.
Quien no cambia de marca,
quien no arriesga a vestir un color nuevo
y no le habla a quien no conoce.
Muere lentamente
quien hace de la televisión su gurú.
Muere lentamente
quien evita una pasión,
quien prefiere el negro sobre el blanco
y los puntos sobre las íes a un remolino de emociones,
justamente las que rescatan el brillo de los ojos,
sonrisas de los bostezos,
corazones a los tropiezos,
sentimientos.
Muere lentamente
quien no lanza la mesa cuando está infeliz en el trabajo,
quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño,
quien no se permite por lo menos una vez en la vida
huir de los consejos sensatos.
Muere lentamente
quien no viaja,
quien no lee,
quien no oye música,
quien no encuentra gracia en sí mismo.
Muere lentamente
quien destruye su amor propio,
quien no se deja ayudar.
Muere lentamente
quien no trabaja y quien no estudia,
y la mayoría de las veces es una opción y, sí, destino:
entonces un gobierno en silencio puede matar lentamente
una buena parte de la población.
Muere lentamente
quien pasa los días quejándose de su mala suerte
o de la lluvia incesante.
Muere lentamente
quien abandona un proyecto antes de iniciarlo,
no preguntando sobre un asunto que desconoce
o no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe.
Evitemos la muerte en suaves cuotas,
recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor
que el simple hecho de respirar.
¡Vive hoy!
¡Arriesga hoy!
¡Hazlo hoy!
¡No te dejes morir lentamente!
¡No te impidas ser feliz!
Solamente la ardiente paciencia hará que conquistemos
una espléndida felicidad.»
—Martha Medeiros
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