Fue la mano de Dios (Paolo Sorrentino, 2021) no es una película tan redonda como La juventud (2015). Mucho más lejos queda de La gran belleza (2013), una película en la que de cada escena se puede sacar algo.
Aun así, Fue la mano de Dios es una película que merece la pena ver. Aunque solo sea por esta escena, que vale por toda la película, en la que el protagonista (Fabietto, un adolescente) tiene una conversación con el director de cine Antonio Capuano. Un diálogo brillante en el que Sorrentino muestra magistralmente cómo un personaje puede evolucionar en una sola escena, y pasar de ser Fabietto al principio de la misma a ser Fabio al final.
Algunos extractos de la conversación:
Fabietto: Soy un gran admirador.
Capuano: Los admiradores me la traen floja. A mí me gusta el conflicto. Sin conflicto no se progresa. Sin conflicto solo hay sexo, que no vale para nada.
[...]
Capuano: ¿Qué haces mirando?
Fabietto: Nada. Mirar es lo único que sé hacer.
[...]
Fabietto: No sabía que en el teatro se pudiese protestar así.
Capuano: No se hace. Pero yo hago lo que me da la gana. Soy libre. ¿Y tú?
Fabietto: A eso prefiero responder más adelante.
Capuano (ríe): ¿Eres valiente?
Fabietto: ¿Tiene alguna pregunta menos difícil?
[...]
Capuano: Cine... Todo el mundo quiere hacer cine, coño. Pero para hacer cine hay que tener huevos. ¿Tú los tienes?
Fabietto: Lo dudo bastante.
Capuano: Entonces, necesitas un dolor. ¿Tienes algún dolor?
Fabietto: Sí, se lo acabo de contar, de eso voy bien servido.
Capuano: [...] Tú no tienes un dolor. Tienes una esperanza. Y la esperanza lleva a hacer películas de consuelo, es una trampa.
Fabietto: Me han dejado solo, Capuano, y eso se llama dolor.
Capuano: ¡No es suficiente, Schisa! A todos nos han dejado solos. ¿Estás solo? Pues me suda la polla. Porque no eres original. Hazme caso, olvídate del dolor. Y piensa solo en divertirte, así harás cine. Pero debes tener algo que decir. ¿Tienes algo que decir o no? Porque la fantasía y la creatividad son falsos mitos que no valen una mierda.
Fabietto: No sé si tengo algo que decir. ¿Eso cómo se sabe?
Capuano: No tengo ni puta idea. Yo tengo cuatro cosas que decir, solo cuatro. ¿Y tú?
Fabietto: No lo sé. Pensaba ir a Roma a hacer cine, y así averiguar si es lo mío.
Capuano: ¿A Roma? La fuga. Paliativos de mierda. Al final acabas volviendo a ti. Y vuelves aquí, al fracaso, porque todo es un fracaso, una mierda. ¿Lo entiendes? Nadie escapa al propio fracaso. Y nadie se va realmente de esta ciudad.
[...]
Capuano: A ver, Schisa. ¿Tienes algo que decir? ¿O sólo eres otro imbécil más? ¿Tienes algo que decir? ¡Venga, hombre! ¿Tienes algo que decir o no? ¡Venga, idiota! ¿Tienes algo que contar? ¡Ten el valor de decirlo! ¿Vas a hablar o no? ¿Tienes algo que contar?
Fabietto: ¡Sí!
Capuano: ¡Pues dímelo!
Fabietto: ¡Cuando murieron [mis padres] no me dejaron verlos!
Capuano: No te descompongas, Fabio.
Fabietto: Todos me llaman Fabietto.
Capuano: Pues que empiecen a llamarte Fabio. No te descompongas.
Fabio: ¿Eso qué significa?
Capuano: Lo tienes que averiguar tú solo. Tú solo, pedazo de capullo. No te descompongas, Schisa. No te descompongas nunca. No te lo puedes permitir.
Fabio: No entiendo. ¿Por qué?
Capuano: Porque no te han dejado solo.
Fabio: ¿No?
Capuano: No. Te han abandonado.
Comentarios
Publicar un comentario