Ir al contenido principal

38. El inconveniente de llevar razón

   El gran inconveniente de llevar razón en algún asunto es que uno se relaje y deje de pensar. O de razonar.

   Porque, se lleve o no la razón, no es razonable pensar que el otro lo va a aceptar siempre de buen grado, sin rechistar. Cada uno tiene su forma de ver las cosas, y, aunque esa forma esté equivocada, no siempre se es capaz de ver el error, ni se está dispuesto a reconocerlo o a renunciar a él —especialmente cuando no nos conviene—. Y, yendo más allá: difícilmente alguien tendrá toda la razón y el otro ninguna.

   El gran inconveniente de enrocarse cuando se sabe —o se intuye— que se tiene razón en algo es que uno rechaza cualquier negociación. Y esto puede tener consecuencias nefastas sobre nosotros mismos, con lo que tener razón se convierte, a la postre, en un lastre en nuestras relaciones con los demás y en nuestras vidas.

   Así ocurrió, por ejemplo, en el caso de una conocida que alquilaba habitaciones en su piso. El inquilino de una de las habitaciones le comunicó que se iría antes de que acabara el mes, esperando no tener que pagar más allá de ese día. La arrendataria le dijo que, se fuera el día que se fuera, tendría que pagar el mes completo, tal como se estipuló cuando entró al piso.

   Cuando esta conocida me contó el asunto, yo coincidí en que, puesto que había el citado acuerdo de por medio, ella tenía razón: él debería pagar el mes completo. «Ahora bien», agregué, «tener razón no debería impedirnos nunca hacer lo correcto».

   Yo consideraba que, por el bien de la convivencia y de las buenas relaciones, lo mejor era llegar a un acuerdo con el que las dos partes se sintieran satisfechas —o igualmente insatisfechas, al menos—.

   Esta chica, sin embargo, no lo veía así: como tenía la razón de su lado, no creía que tuviera que ceder en nada. Y no lo hizo.

   La falta —o ausencia total— de diálogo provocó tensiones en la convivencia durante los últimos días y, finalmente, una «pequeña venganza» por parte del chico que se marchaba viendo mermado su orgullo: provocó un pequeño desperfecto en el piso cuya reparación costó más de lo que le habría costado a la arrendataria llegar a un acuerdo.

   En resumen: la razón es un arma peligrosa en las manos equivocadas. Por encima de la razón deberían estar siempre la comunicación y la empatía.

Comentarios

Entradas populares de este blog

49. La chica y los libros

   He visto la foto de una chica en Bumble. Estaba sentada en una mesa repleta de libros; detrás de ella, más libros cubriendo las estanterías. «Me gusta vivir entre libros», decía.    Era su librería.

48. El caminante

    Hace unos meses, paseaba junto a ella por el paseo marítimo de un pueblo lejano, como si fuera la primera vez.   Hoy, camina solo por el centro de la ciudad, como tantas otras veces.

34. On the Nature of Daylight

   «La luz no es el medio más adecuado para ver las cosas, sino para ver ciertas cosas. Ahora que está nublado he visto por el balcón mayor número de detalles en el paisaje que en los días soleados. Estos resaltan ciertos objetos en detrimento de otros, a los que dejan en la sombra. La media luz del día nublado pone a todos en el mismo plano y rescata de la penumbra a los olvidados. Así, ciertas inteligencias medianas ven con mayor precisión y con mayores matices el mundo que las inteligencias luminosas, que ven sólo lo esencial.» —Julio Ramón Ribeyro, Prosas apátridas On the Nature of Daylight (Max Richter). La imagen pertenece a la película La llegada ( Arrival , Denis Villeneuve, 2016), basada en el relato La historia de tu vida de Ted Chiang. Más de Ted Chiang en GoodReads . Más de Max Richter: el excelente concierto completo de Four Seasons Recomposed .