Hace poco descubrí que para los griegos antiguos «carácter» y «destino» eran la misma cosa. De modo que creían que el carácter con el que uno nace —o, quizás, que adquiere en sus primeros años de vida— es su destino.
Lo cual me parece que tiene bastante sentido, porque nuestro carácter determina en gran medida nuestra relación con el mundo y con los demás. Y ¿no es eso lo que rige nuestro destino, al fin y al cabo?
Por cierto, esto me hace acordarme también de aquella recomendación de Nietzsche: «Llega a ser quien eres». Llega a ser (destino) quien eres (carácter).
Comentarios
Publicar un comentario