Siguiendo con el tema de Los que se marchan de Omelas (un magnífico relato corto de Ursula K. Le Guin que puedes encontrar aquí), me preguntaba si realmente marcharse es la mejor opción o no (realmente no estoy seguro).
Por un lado, desde luego es mejor marcharse que quedarse y participar tácitamente de la injusticia (una injusticia que, además, te puede consumir por dentro si piensas en ella: por eso se marchan). Es un poco como la «resistencia pacífica» de Gandhi, o como la «resistencia pasiva» de Bartleby: «Preferiría no hacerlo»; o quizás más bien como Pilatos lavándose las manos; o el mundo lavándose las manos, mirando hacia otro lado mientras tantas injusticias son cometidas a nuestro alrededor.
Por otro lado, quedarse en Omelas, rebelarse, sublevarse contra la injusticia y un sistema basado en ella, puede suponer una ruptura (sin retorno) en las vidas de los rebelados y de los que sufren la rebelión, aunque no participen en ella (es decir: toda Omelas). Y, por supuesto, tiene el inconveniente moral de pensar si se está haciendo «lo correcto» (si hay algo que sea en términos absolutos «correcto»), si «el bienestar de la mayoría supera al bienestar de la minoría... o de uno solo» (como apostillaba Spock al final de Star Trek II: La ira de Khan antes de sacrificarse a sí mismo por el bien de la tripulación de la Enterprise), y si alguien distinto al propio sacrificado puede decidir a favor del bienestar de la mayoría (el dilema del tranvía; Ozymandias en Watchmen).
Por un lado, desde luego es mejor marcharse que quedarse y participar tácitamente de la injusticia (una injusticia que, además, te puede consumir por dentro si piensas en ella: por eso se marchan). Es un poco como la «resistencia pacífica» de Gandhi, o como la «resistencia pasiva» de Bartleby: «Preferiría no hacerlo»; o quizás más bien como Pilatos lavándose las manos; o el mundo lavándose las manos, mirando hacia otro lado mientras tantas injusticias son cometidas a nuestro alrededor.
Por otro lado, quedarse en Omelas, rebelarse, sublevarse contra la injusticia y un sistema basado en ella, puede suponer una ruptura (sin retorno) en las vidas de los rebelados y de los que sufren la rebelión, aunque no participen en ella (es decir: toda Omelas). Y, por supuesto, tiene el inconveniente moral de pensar si se está haciendo «lo correcto» (si hay algo que sea en términos absolutos «correcto»), si «el bienestar de la mayoría supera al bienestar de la minoría... o de uno solo» (como apostillaba Spock al final de Star Trek II: La ira de Khan antes de sacrificarse a sí mismo por el bien de la tripulación de la Enterprise), y si alguien distinto al propio sacrificado puede decidir a favor del bienestar de la mayoría (el dilema del tranvía; Ozymandias en Watchmen).

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