No podía dormir. Llevaba casi una hora dando vueltas en la cama. Se levantó y se dirigió a la cocina para preparar café. «El café que solía preparar para ella», pensó. Con el café humeante en la mano, entró en el despacho y encendió el ordenador. La ciudad todavía dormía. Le encantaba ponerse a escribir de madrugada, arropado por esa sensación de soledad que otorgaban el silencio y la oscuridad de la noche. Tomó un sorbo de su café y empezó a teclear. «Te he demostrado mi amor ─ese amor que va más allá del enamoramiento inicial, de esos primeros meses en que sexo y amor se ( con )funden en una relación─ en el día a día, con gestos: cambiando lo que sé que tenía que cambiar, dejándote detalles y notas semiescondidos en casa desde el primer día, emocionándote con palabras susurradas en la cama o manuscritas en una hoja, levantándome a las 6 para llevarte el café a la cama... He hecho todo esto porque me apetecía, porque era lo que tú me inspirabas, y porque me hacía f...
or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Life, the Universe and Everything