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Mostrando entradas de marzo, 2022

33. La palabra debe fluir

   Películas que llevan a libros que llevan a más películas y libros y música y arte y vida, en una cascada infinita de palabras e ideas y acuarelas y colores que reflejan toda la luz del mundo a través del tamiz de nuestras almas.    La palabra debe fluir.    (Como la especia.)

32. Soñadores

   «¿Sabes lo que dijo alguien una vez? No existe eso que llamamos "amor". Sólo existen las "pruebas de amor".» — Soñadores (Bernardo Bertolucci, 2003)

31. «Parce que moi je rêve, moi je ne le suis pas...»

    «No intento recordar las cosas que ocurren en un libro. (...) Lo único que le pido a un libro es que me inspire energía y valor, que me diga que hay más vida de la que puedo abarcar, que me recuerde la urgencia de actuar.»  — El valle de los avasallados (Réjean Ducharme), citado en la película Léolo (Jean-Claude Lauzon, 1992) ¿Qué puedo decir de Léolo que no lo haya dicho infinitamente mejor un amigo mío en su crítica en FilmAffinity?    Nada.

30. Memorias de la Tierra baldía

¿Quién contará tu Historia, ahora que todos tus hijos están muertos?    Tú eras Gaia, la más grande de entre todos nosotros; de tu vientre diste a luz la Vida, mientras nosotros te observábamos en la distancia y en la impotencia, y nos arrancábamos nuestras entrañas estériles y las arrojábamos contra ti, desde la envidia de lo que nunca seríamos.    Pero ahora, ¡oh, ahora!: ahora estás tan muerta como nosotros. En tu amor incondicional de Madre, en tu fe ciega en tus hijos, en tu vanidad y en tu insensata tolerancia, no supiste, o no quisiste, poner freno a tiempo a todo ese sinsentido, a ese esquilmar frenético, a ese carpe diem mal entendido. ¿Quién contará tu Historia, ahora que todos tus hijos están muertos?    Seré yo, Marte, a quien tus hijos volvieron fútilmente sus ojos buscando la Vida que no supieron conservar en ti.

29. «No te descompongas, Fabio»

   Fue la mano de Dios (Paolo Sorrentino, 2021) no es una película tan redonda como La juventud (2015). Mucho más lejos queda de La gran belleza (2013), una película en la que de cada escena se puede sacar algo.    Aun así, Fue la mano de Dios es una película que merece la pena ver. Aunque solo sea por esta escena, que vale por toda la película, en la que el protagonista (Fabietto, un adolescente) tiene una conversación con el director de cine Antonio Capuano. Un diálogo brillante en el que Sorrentino muestra magistralmente cómo un personaje puede evolucionar en una sola escena, y pasar de ser Fabietto al principio de la misma a ser Fabio al final.    Algunos extractos de la conversación: Fabietto: Soy un gran admirador. Capuano: Los admiradores me la traen floja. A mí me gusta el conflicto. Sin conflicto no se progresa. Sin conflicto solo hay sexo, que no vale para nada. [...] Capuano: ¿Qué haces mirando? Fabietto: Nada. Mirar es lo único que sé hacer...

28. Ríos de palabras

¿No es maravilloso cuando la literatura fluye como un río entre dos personas que se miran desde orillas opuestas y deciden lanzarse al agua, nadar, encontrarse y dejarse arrastrar por la corriente de palabras?

27. Días de vino y rosas

Recuerdo los días infelices que compartimos. ¡Oh, qué buenos momentos vivimos! En la imagen, Días de vino y rosas (Blake Edwards, 1962).

26. Esperanza

A veces hay esperanza, y otras, no.    Nadie sabe con certeza cuál de las dos cosas es mejor. O, en palabras de Sócrates:    «Ahora, atenienses, ha llegado el momento de partir. Yo, a morir; vosotros, a vivir.    Nadie sabe con certeza cuál de las dos cosas es mejor.» —Platón, Apología de Sócrates

23. Drive my car

«La verdad —sea cual sea— nunca es tan temible como la incertidumbre.» — El tío Vania (Antón Chéjov)   La obra de teatro El tío Vania de Antón Chéjov tiene un papel central en la película japonesa Drive my car (Ryûsuke Hamaguchi, 2021), basada en un relato de Haruki Murakami incluido en la recopilación Hombres sin mujeres .

22. Muere lentamente

   En el día de la mujer, me gustaría reivindicar este maravilloso poema de la escritora brasileña Martha Medeiros, atribuido incorrectamente en muchas ocasiones a Pablo Neruda. «Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos. Quien no cambia de marca, quien no arriesga a vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce. Muere lentamente quien hace de la televisión su gurú. Muere lentamente quien evita una pasión, quien prefiere el negro sobre el blanco y los puntos sobre las íes a un remolino de emociones, justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los bostezos, corazones a los tropiezos, sentimientos. Muere lentamente quien no lanza la mesa cuando está infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida huir de los consejos sensatos. Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, q...

21. Puertas

   Hay historias que se pueden cerrar suavemente, como quien sale de puntillas de una reunión y tiene cuidado al cerrar la puerta para no molestar.    Otras, en cambio, pueden dejarse entornadas al salir. Porque quizás, más tarde, cuando el ambiente esté menos enrarecido, se desee ─y se pueda─ volver a entrar.    Finalmente, hay veces en que es necesario salir dando un portazo. Un portazo de indignación y de desesperación. Un portazo elocuente que diga «¡Basta!» y que no invite a abrir la puerta de nuevo, por ningún lado. Un portazo más eficaz que mil cerraduras, que siempre pueden ser forzadas.    Porque detrás de algunas puertas se esconden monstruos a los que no podemos vencer.    O tal vez el monstruo, quién sabe, esté de este lado de la puerta y estemos condenador a convivir con él.

20. Todas las palabras del mundo

[ Truman Sleeps, de Philip Glass. De la película El show de Truman (Peter Weir, 1998).]    Desde mi punto de vista, el amor se puede dividir en cuatro fases.    En un principio está el deseo de acercarnos a la otra persona, de penetrar en ella, en su mente y en su alma, de conocerla y dejarnos conocer a través de las ideas. A través de las palabras.    Pronto llega un momento en que las palabras ya no son suficientes para expresar todo lo que sentimos. Necesitamos hablar con la piel, queremos acariciar y ser acariciados, sentir el roce de las yemas de sus dedos, más intenso que mil palabras.    Después viene la calma, el amor sosegado. Nuevamente las palabras, susurradas en la cama, con el cálido aliento del amante acariciando nuestra mejilla y haciendo brotar las lágrimas y una sonrisa al mismo tiempo, que se transforman en besos apasionados entre las sábanas. Notas inesperadas dejadas al marcharnos, mensajes con recuerdos y anhelos; el pasado...