¿Quién contará tu Historia, ahora que todos tus hijos están muertos? Tú eras Gaia, la más grande de entre todos nosotros; de tu vientre diste a luz la Vida, mientras nosotros te observábamos en la distancia y en la impotencia, y nos arrancábamos nuestras entrañas estériles y las arrojábamos contra ti, desde la envidia de lo que nunca seríamos. Pero ahora, ¡oh, ahora!: ahora estás tan muerta como nosotros. En tu amor incondicional de Madre, en tu fe ciega en tus hijos, en tu vanidad y en tu insensata tolerancia, no supiste, o no quisiste, poner freno a tiempo a todo ese sinsentido, a ese esquilmar frenético, a ese carpe diem mal entendido. ¿Quién contará tu Historia, ahora que todos tus hijos están muertos? Seré yo, Marte, a quien tus hijos volvieron fútilmente sus ojos buscando la Vida que no supieron conservar en ti.